El Museo Canario aprueba sus nuevos estatutos

El Museo Canario

La Sociedad Científica El Museo Canario cuenta desde hoy jueves con nuevos estatutos, después de que sus socios hayan aprobado en Junta General Extraordinaria la propuesta de actualizar los que venían rigiendo la institución desde 1993.

Los nuevos estatutos, de articulado algo más breve que los anteriores, introducen modificaciones de importancia en la composición de la Junta de Gobierno. Además, se suprime de la figura del patronato o fundación patrocinadora, un cambio con el que El Museo Canario afianza la vocación de independencia administrativa por la que se ha definido durante toda su historia.

Otra modificación importante es la modernización de todo lo referente a los honores y distinciones que se venían aplicando hasta hoy, como la condición de “socios de mérito”, los emblemas e insignias o la galería de retratos. Estos usos del pasado ceden el sitio ahora a una forma de entender El Museo Canario mucho más acorde con los tiempos, abriéndose a la sociedad con medidas tales como la existencia de socios menores de edad y la creación de la figura del “socio juvenil”.

El proceso de adaptación a las cambiantes condiciones de la actualidad es un hecho constante en El Museo Canario, que desde su creación ha procurado estar siempre al día en lo que se refiere a las formas de abordar las materias científicas y culturales a las que se debe el centro. Sin embargo, los estatutos tienen la función de regular la vida de las instituciones durante un tiempo determinado, y suponen un marco normativo que, por razones prácticas, no puede estar sometido a cambios constantes. Por ello es necesario estudiar regularmente la pertinencia de su articulado y hacer periódicamente los cambios que sean necesarios para afrontar los años venideros. Esto es lo que los socios de El Museo Canario se han planteado este jueves, después de un largo proceso interno de estudio y debate, y es por eso por lo que han decidido dotarse de unos nuevos estatutos que les permitan funcionar, sin renunciar a sus principios fundacionales, como una institución propia del siglo en que vivimos.

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