Historia de El Museo Canario

Fruto de la iniciativa de un grupo de intelectuales encabezados por el Dr. Gregorio Chil y Naranjo, surge El Museo Canario en 1879 como acicate para el desarrollo científico y cultural de Las Palmas de Gran Canaria, representando a su vez uno de los más tempranos atractivos turísticos de la ciudad.

El nacimiento de la idea de fundar una institución como ésta se debió fundamentalmente a dos circunstancias: por un lado, el interés que a mediados del siglo habían despertado las llamadas “antigüedades canarias” entre la burguesía local, que se aficionó a recoger vestigios de la vida y la cultura aborígenes en expediciones y exploraciones informales; y por otro, el desarrollo de la investigación antropológica francesa, ya que varios de los fundadores de El Museo Canario mantenían estrechas relaciones científicas con algunos de los pioneros de esta disciplina, como Verneau, Broca, Quatrefages, Hamy o Berthelot. Ello facilitó a la nueva sociedad un padrinazgo científico de primer orden. Como adición a esta situación favorable, el descubrimiento del hombre de Cro-Magnon vino a sumarse al interés por el pasado de las poblaciones isleñas, ya que algunos rasgos físicos hicieron creer, erróneamente, en una relación estrecha entre los antiguos canarios y los europeos del paleolítico. Aunque esta percepción está hoy ampliamente superada, lo cierto es que influyó decisivamente en la forja de nuestra institución.

No obstante, la prehistoria y la antropología no fueron los únicos intereses originales de El Museo Canario. Desde su creación fue concebido como una sociedad de promoción de las ciencias, las letras y las artes en general, otorgando especial protagonismo a todo lo relacionado con nuestro archipiélago. Así, desde su primera instalación, inaugurada el 24 de mayo de 1880, se exhibieron, además de vestigios prehispánicos, colecciones geológicas, zoológicas y artísticas, y paralelamente se estaba formando ya, con las generosas aportaciones de los socios, la primera biblioteca de la sociedad, que acabaría siendo la más completa colección documental especializada en temas canarios.

Aquella primera instalación se ubicó en la planta alta del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, que cedió generosamente algunas salas, pero las colecciones crecieron de tal manera que las estrecheces comenzaron a notarse pronto. La solución vendría de la iniciativa del Dr. Chil, que en su testamento legó su propia vivienda para la ubicación definitiva del museo, así como otras propiedades inmobiliarias, sus valiosísimas colecciones –arqueológicas y de ciencias naturales– y los 7.500 volúmenes de su biblioteca, garantizando así el futuro de la entidad.

Aunque Chil falleció en 1901, su legado no fue recibido hasta 1913, fecha de la muerte de su viuda. Aun así, el traslado de El Museo Canario a la que fue vivienda del ilustre benefactor en el barrio de Vegueta, donde se instaló definitivamente, se retrasó hasta 1923, motivado, en parte, por la grave crisis económica que afectaba a las islas Canarias tras la I Guerra Mundial. La reapertura de los servicios se demoró hasta finales de 1930.

Comienza entonces, pese a la penuria económica y a los avatares sociopolíticos, una época culturalmente fecunda, marcada por la celebración de actos públicos, tanto científicos como artísticos o literarios, y por la contribución al desarrollo de los conocimientos sobre la historia de las islas. El Museo Canario trata entonces de suplir la carencia en todo el archipiélago de otros organismos, públicos o privados, dedicados a la promoción científico-cultural, y se convierte en punto de encuentro de todo tipo de investigadores. Esta etapa queda simbólicamente definida por la incorporación de El Museo Canario al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en 1944.

Pero lo cierto es que la situación financiera de la entidad no hizo más que agravarse en las siguientes décadas, y aunque en los años 50 el ayuntamiento y el cabildo comenzaron a aportar algunos fondos para su mantenimiento, la situación no pudo solventarse hasta 1973, cuando la corporación insular accedió a hacerse cargo de los asuntos económicos de la sociedad, constituyéndose un patronato formado por representantes del propio cabildo y de otras entidades y organismos relacionados con la cultura. Comienza entonces una etapa en la que El Museo Canario goza de algunas ventajas fiscales y renueva el favor de la sociedad civil, muestra de lo cual son la declaración de Monumento Histórico-Artístico en 1962 y la concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1980.

En 1984, coincidiendo con la incorporación de las islas Canarias al nuevo marco político de las Comunidades Autónomas y con la situación económica de la sociedad estabilizada, El Museo Canario moderniza y especializa su contenido museístico, que se centra preferentemente en los fondos arqueológicos de las culturas prehispánicas de Gran Canaria, iniciándose una etapa de reformas que suponen una reorganización de la superficie expositiva y un espectacular incremento del número de visitantes. En este contexto, la institución se incorpora en 1987 al Sistema Español de Museos, recibe en 1993 la Medalla de Oro de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en 1995 es declarado de Utilidad Pública y en 1996 recibe el Premio Canarias de Acervo Histórico.

En la primera década del nuevo siglo, la preocupación de El Museo Canario ha sido atender a los tres grandes grupos de usuarios de sus servicios: los visitantes de la exposición permanente, los especialistas en prehistoria, que cuentan en nuestras instalaciones con una incomparable colección de restos que les ayudan a comprender mejor la realidad de nuestro pasado; y los investigadores, estudiantes o curiosos que hacen uso de una colección documental que no ha dejado de enriquecerse un solo día desde la fundación y que alcanza hoy una incomparable riqueza patrimonial.

Todo ello obliga a buscar nuevos medios de ampliación de las instalaciones de la sociedad, ampliación que ya está en marcha en algunos de los inmuebles colindantes, adquiridos en los últimos años por diversas vías, y que dará origen a nuevos atractivos y nuevos servicios. Esta perspectiva abre un horizonte esperanzador en el futuro de El Museo Canario, que, al igual que en ocasiones anteriores, sabrá atender las exigencias cada vez más claras de la sociedad.

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Dr. Gregorio Chil y Naranjo

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Exterior de "El Museo Canario"

 

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